Escritor en Turquía, un oficio de riesgo
Hace unos días, se hacía pública la decisión del último Premio Nobel de Literatura, el escritor turco Orhan Pamuk, de no viajar a Alemania por temor a ser víctima de un atentado. Al día siguiente, Pamuk viajaba a Estados Unidos, según dijo, para dar una serie de conferencias en universidades estadounidenses. Según el diario El País, se trata de un exilio voluntario.
Esta semana, su compatriota, la novelista Elif Shafak, ha finalizado antes de lo previsto la gira que estaba realizando por varias ciudades estadounidenses, promocionando su sexta novela, El bastardo de Estambul, por temor a su seguridad. Shafak, que nació en Francia y pasó su adolescencia en España, viaja siempre acompañada por un guardaespaldas y tiene protección policial en Turquía.
Tanto Orhan Pamuk como Elif Shafak eran amigos de Hrant Dink, periodista turco-armenio y director del semanario Agos, asesinado por un ultranacionalista turco el mes pasado. Todos ellos, y muchos otros, fueron juzgados en Turquía, acusados bajo el tristemente famoso Artículo 301 del Código Penal Turco, que persigue la denigración de la “turqueidad”. Algunos, como Elif Shafak, fueron declarados no culpables. Otros, como Dink, fueron condenados a penas de cárcel, suspendidas por la presión internacional. Su único delito fue la denuncia del genocidio contra el pueblo armenio a manos de los turcos en 1915, escribiendo sobre ello en libros o artículos de prensa.
En pleno siglo XXI, y en un país que aspira a ser miembro de la Unión Europea, la libertad de expresión tiene un precio demasiado alto. Ser acusado en Turquía bajo el Artículo 301, y sea cual sea el veredicto del juicio, implica ser declarado enemigo de Turquía y ser colocado en el punto de mira de los radicales ultranacionalistas, lo que te condena al exilio o, lo que es peor, a la muerte.
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